jueves, 19 de diciembre de 2013

DEL SUR AL NORTE. Vacaciones de Noviembre 2013

Con ganas de evadirme de esta dulce condena de nacer y vivir en el Sur, locos por viajar, tiramos al Norte aprovechando el descanso en el trabajo. No soy persona de planificar demasiado mis viajes, sino que sobre la marcha intento ir adaptando tiempos y lugares a visitar en función de las circunstancias y acontecimientos. Así, pretendíamos dejarnos llevar por la sorpresa, descubrir el encanto de su paisaje, conversar con sus gentes y darle al paladar.

La única referencia que tenia antes del viaje era un óleo que cuelga en mi centro de trabajo (Venta El Toro, Santa Lucia, Vejer) de San Juan de Gaztelugatxe y de un buen recuerdo de un viaje juvenil que hice en furgoneta desde Cádiz con unos amigos allá por 1995 (si no recuerdo mal), y por supuesto alguna que otra entrada en el buscador de Google, aunque os confieso, no busqué demasiado.

La idea: recorrer en coche la costa desde Bilbao hasta San Sebastian desde el 7 de Noviembre y regresar a Bilbao el 10 para dar el salto a París el 11 de Noviembre. Lugares que ideamos visitar: Bilbao, San Juan de Gaztelugatxe, Bermeo, Mundaka, Bosque de Oma, Lekeito y San Sebastian. 

Decidimos viajar desde Sevilla a Bilbao tomando el primer vuelo de la mañana. La primera sorpresa: Coincido en el avión con el torero sevillano Antonio Nazaret, con el cual compartimos el susto del despegue, el del aterrizaje y alguna que otra conversación sobre toros.

La segunda sorpresa, aunque ya preveíamos algo así:  25º en pleno mes de Noviembre. Cielo azul y un sol de mangas cortas mas típico del Sur que de estas latitudes....viva el Norte!....y nos dijimos "¡cambio de planes, nos vamos para la costa ya!". Aun así nos dio tiempo desayunar en el emblemático Bar Iruña y recorrer algunas calles del casco viejo, tomar un Pintxo en el Bar Bilbao y pasear por el entorno del Guggenheim. Ya tendríamos mas tiempo a la vuelta.

Con pequeñas paradas en Sopelana, Plenzia, Bakio y tras recorrer una preciosa, tranquila y serpenteante carretera secundaria, sobre la una de la tarde estábamos en la Ermita de San Juan de Gaztelugatxe tras subir sus doscientos treintaitantos escalones (no pude contarlos todos, la vista a cada paso no me lo permitía). Merece la pena subir por muy cuesta arriba que parezca, las sensaciones allí arriba son indescriptibles. 
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En Bermeo, puerto pesquero por excelencia, paramos para picar algo antes de continuar hacia Mundaka donde haríamos noche. Allí recordé esa izquierda tan famosa de la cual hablan los surferos de todo el mundo y pudimos pasear contemplándola antes de dormirnos en un bonito y confortable Hotel junto a la iglesia del pueblo. 
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Dejando Mundaka, siguiendo la carretera de la costa, dejando a un lado Guernica, puedes desviarte y acceder al entorno del Bosque de Oma del pintor Agustín Ibarrola, en pleno corazón de la Reserva Natural de Urdaibai. Andar una hora bajo la lluvia no es tortura cuando llegas al bosque encantado. Otra sorpresa: Un entorno idílico, mágico, absorbente y embriagador en el que se te abren todos los sentidos, aún con el Txirimiri calándote por completo, no oía los consejos de mi compañera para abandonar aquel lugar antes de que el Txirimiri se convirtiera en algo peor. Tuvimos suerte, el coche tenia una buena calefacción.
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Nuestro trayecto nos invitaba a realizar pequeñas paradas mientra proseguiamos nuestro viaje por la costa vasca Leketio, Getxo, Mutricu, donde pasamos por el bar de su Cofradia de Pescadores, Zarautz donde tomamos café y dulces en la cafetería del emblemático restaurante de Carlos Arguiñano, si bien, y dados a conocer, propusimos pasar noche en Hondarribia y dejar San Sebastian para el Sábado. Esta ciudad, fronteriza con Francia, compite con nuestro pueblo Vejer en ser escenario de la nueva novela del escritor italiano Federico Moccia. Antes no habíamos oído hablar de esta localidad. Nos sorprendió gratamente tanto su casco viejo, bien armado por su muralla y su mítico Parador Nacional, así como su carismático barrio de pescadores lleno de numerosos bares y tiendas. Tal vez tenga otro encanto durante los meses de verano, pues parece tener un bonito y gran puerto deportivo, aunque no cambiaría Noviembre por Agosto para visitar esta localidad, puede ser de autentica locura.

Como locura fue encontrar habitación en San Sebastian durante el fin de semana del 9 al 10 de Noviembre. Otra sorpresa. ¿por qué? una carrera popular, la Behobia-San Sebastian, con mas de 28.000 personas inscritas. No habia manera de encontrar habitación en los hoteles céntricos mas asequibles a nuestro bolsillo. Tras unas llamadas y alguna recomendación de nuestro portal amigo de EusKadiz, pudimos reservar un bonito hotel al final del paseo de la Concha, cerca del club de tenis y a un paso del "peine del viento". Accedimos a San Sebastian atravesando el monte Jazquibel al dejar Hondarribia. 
Y San Sebastian, ¿qué decir? la joya vasca, una obra de arte a orillas del mar, con una presencia brutal. La ciudad donde probé por primera vez el Chacolí, ese vino espumoso que te desdibuja. Un casco viejo lleno de vida, con mil sitios donde entrar y probar. El primero en las inmediaciones del mercado, y otros cientos....un placer. Dos días de autenticidad, paseos contra viento y marea, ver las olas rompiendo sobre las rocas y 28.000 personas entrando en meta, te dicen que la vida es otra cosa bien distinta a como te la cuentan.
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El domingo nos despedimos de la Concha y tomamos la autopista rumbo a Bilbao. Con ganas de descansar de un fin de semana intenso, nos quedaba el lunes por la mañana para visitar la ciudad antes de tomar el avión camino de Paris, el casco antiguo, su mercado central, la plaza Nueva con el Bar Bilbao y Victor Montes, los mas afamados, pero con otros llenos de encanto y buena gente. Fuera del centro, el bar EME y sus famosos sandwiches, el Palas, una taberna donde se bebe vino en porrón, botellines y unos bocatas de bonito con una salsa picante que no lo vence ni el botellín ni el Porron.

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